
(En recuerdo y honor de los maestros que más admiro)
Podría escribirte los versos más tristes esta noche,
no lo haré porque son más los poemas dulces,
exhalados desde mis poros
y el afán de abrir el loto emparedado de tu pecho,
color verde cuan vaquita de cafetal.
Verde que te quiero azul, azul como los ojos
hambrientos de tus senos.
Ojos que no son como tus ojos.
Ojos, tristes ,ojos agrietando el cielo bajo mis pies.
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esos ojos?
Junto a tus caderas son la pareja bailarina,
cobijada con el ritmo del Songoro cosongo,
cuando invocas la danza encantadora de poetas,
ahuyentadora de fidelidad y de las palomas,
gorriones, gaviotas, ruiseñores, zopilotes
y de esas golondrinas que ya no volverán.
Me gustas cuando callas, cuando hablas
y cuando no paras de hablar, aun si derramas
todas las tus plumas negras, tus lirios y tus rosas
bajo mi cama y sobre mi sábana cada noche de mayo
cuando maúlla el momento, ladra el pasado
y garabateamos el verso vociferante.
Oh sí, me gustas cuando cayas.
¿Irías a ser muda que Dios te dio esa boca?
Ideare un plan perfecto e irresistible
para conquistar mis claras intensiones
y ¿por qué no? las oscuras.
Mi táctica es…
No
Yo no tengo táctica, tampoco estrategia
o palabras sublimes y sutiles
cortadoras de ataduras en el brío de tu ser,
ofrecerte solo puedo,
sencillez sin exclusiones, ni inclusiones,
al tal punto:
Que me importe un pito
Incluso que no sepas volar.
Aunque no sepas volar vente conmigo.
Plasmados mis deseos me disculpo
por no usar mi propia boca sino la de aquellos
que limpian oídos con agua y letra bendita
Soy hombre animal de pocas palabras
y ruego, necesito e imploro por tanto:
Me dejen tomarlas.
martes, 29 de marzo de 2011

Hoy no quiero oír esa canción que me lleva no se a donde,
ni acordarme de los dulces deleite de mi el semblante,
ni esperar sobre el pasto que se acabe la espera,
no quiero asentar mi volumen en lugares finitos.
Hoy no quiero eso.
Hoy solo quiero sentir, que la lluvia me golpea la cara.
No aspiro a tostarme con el sol o a mojarme con la luna,
ni besar los fríos desiertos y los cálidos glaciares.
Jamás repetiré ese ascensor con pisos infinitos,
nunca he sabido donde bajarme cuando cierro los ojos.
Hoy no quiero eso.
Hoy solo quiero sentir, que la lluvia me golpea la cara.
Me apasionan los estilos caóticos
en acrobacias de mariposas, mas no es lo que quiero.
Ni que se reposen en mi mano,
ni que mi mano se repose en ellas, diciendo
con susurros obscenos que marchan a morir.
Quisiera quererlo todo, con ímpetus e ilusión.
Con los ojos derretidos que miran navíos lejanos.
Pero ya no puedo. Ya no quiero. Es tarde
y la arena empieza a forjar
nidos de alacrán en mis pulmones.
Hoy no quiero sentir, que la lluvia me golpea la cara.
miércoles, 23 de marzo de 2011

Se metió agua en mi zapato y la media tiene un hueco,
me admiro ante el deleite de boreales curvaturas
erosionado e impotente
como alfil bloqueado en hache ocho.
Devoto soy de la más húmeda piel,
tan húmeda, tan húmeda
que siempre esta húmeda.
No hay metáfora mejor.
Tortuguita indefensa, dragada a la inmensidad
de un mar de dudas.
Cuéntame:
¿Qué le puede importar a una hoja de eucalipto
las leyes de Newton?
Si cuando las entiende, ya no hay vuelta de hoja.
¿No es acaso como mirar un rotulo por años
sin recordar que decía?.
Existimos indigestos de caricias,
sumergidos en un sueño de lechugas,
necesitamos borrar la tinta pulpo
delineante de nuestras sonrisas.
Con un abrir y cerrar de oídos.
